GRANADILLA

Esta localidad es conocida por su impresionante conjunto arquitectónico y natural, destacando como un lugar con una rica historia y un entorno privilegiado. Sin embargo, la historia de Granadilla dio un giro inesperado a mediados del siglo XX, cuando fue expropiada por el gobierno del Francisco Franco y tuvo que ser abandonada, convirtiéndose en un "pueblo fantasma" a causa del proyecto de construcción del embalse de Gabriel y Galán. Aunque no estaba previsto que las aguas la inundaran, pues se encontraba por encima de la cota máxima, el embalse casi rodeó la villa, dejando a Granadilla como una península protegida por las mismas murallas que una vez la defendieron.

En el rincón más vulnerable de la villa, al noroeste, los almohades erigieron una imponente alcazaba, que con el tiempo se transformaría en un castillo cristiano. Hoy, ese mismo monumento, testigo mudo de siglos de historia y de poderosos cambios, es el primer saludo que recibe al visitante de este mágico lugar.


Antes de adentrarnos en el recinto amurallado, nos detenemos en el panel que nos narra la fascinante historia de Granadilla. Allí dice que fue fundada por los musulmanes en el siglo IX como baluarte estratégico de la zona, ya que se sitúa en una colina de pizarra que domina un extenso terreno y es un paso obligado por la Vía de la Plata, de la que se conservan, en los alrededores, los vestigios romanos de CÁPARRA, uno de los municipios de la época del emperador Vespasiano. En 1160, el rey Fernando II de León conquistó la aldea, que hasta ese momento había pertenecido a los árabes y  entonces se llamaba Granada (algunas fuentes dicen que fue tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos cuando pasó a denominarse Granadilla, aunque no hay referencias a tal nombre hasta más tarde). La rehízo y repobló dotándola de murallas y le otorgó el título de villa en 1170. En 1191 pasó a depender de la Orden de Santiago, volviendo posteriormente a la Corona, alternándose en siglos posteriores su dependencia directa de la Corona con su otorgamiento como señorío a miembros de la alta nobleza castellana, hasta que en 1446 el rey Juan II de Castilla otorgó el señorío de la villa a los Álvarez de Toledoduques de Alba, a quienes perteneció por donación real hasta el año 1830, cuando el proceso desamortizador les llevó a deshacerse de estas posesiones.


Nos dirigimos ahora por la empinada cuesta llena de baches y guijarros hasta una de las dos puertas de acceso a la Villa, esta, la entrada principal o Puerta de la Villa, custodiada por un árbol de grandes dimensiones y un más imponente castillo.

Esta entrada, al contrario de la muralla almohade construida en mampostería, es de cantería. ¡Aquí, es imposible no sentir que estamos a punto de cruzar el umbral hacia un mundo de historias y secretos bien guardados!

Al traspasar la puerta, comenzamos nuestra visita adentrándonos en la encantadora Calle Mayor, una hermosa y empinada calle empedrada que ya nos invita a descubrir la arquitectura tradicional de sus casas. Estas viviendas han pasado por un meticuloso proceso de recuperación y restauración desde los años ochenta, gracias al Programa de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados. Así, cada rincón de la calle no solo nos muestra su belleza arquitectónica, sino también el esfuerzo y la dedicación por preservar su alma y tradición.





Pronto llegamos a la Plaza Mayor el punto más elevado y en el que se sitúan las casas ocupadas antiguamente por los miembros del número de la villa, del concejo señorial y de las familias predominantes. 

Aunque la configuración de muchas casas ha cambiado a causa de la restauración de viviendas que tuvo lugar tras el desalojo, aún quedan casi intactas algunas casas de cierta importancia arquitectónica. Entre las viviendas más destacadas que se conservan sin haber sufrido modificaciones estructurales, está la hoy llamada "Casa del Ayuntamiento", contigua al Consistorio. Anteriormente al siglo XIX, esta casa fue vivienda en concesión administrativa para uso y disfrute de los diversos alcaldes del concejo.


Incrustado en la fachada vemos un reloj de sol moderno que  lleva numeración romana desde las X de la mañana hasta las  XVIII. El gnomón es triangular con base curva y metálico. Las líneas horarias salen del vértice del gnomón. En la parte superior se encuentra  la inscripción: «Su Eodem Sole Omnes» (todos estamos bajo el mismo sol), y también: Camargo – Cantabria a Granadilla.

La casa llamada actualmente "Casa de las Conchas" y la casa contigua en su parte trasera, que fue originalmente la vivienda de Fausto Giménez y Velaz de Batuecas; la más grande de toda la villa, de la que solo queda la fachada, por causa de la construcción de la actual cancha de fútbol y de otras instalaciones de nueva planta en su solar y corrales.

A su lado hoy vemos una nueva construcción donde antaño se situaba el antiguo Bar Angelito, posada para maestr@s y lugar de animadas charlas de café y partidas de cartas, también despachaban carne fresca (jamones, etc).

Podrás admirar las antiguas Escuelas de los niños y de las niñas, o la imponente Casa Cuartel de la Guardia Civil; y otras con detalles arquitectónicos únicos. Todas ellas te harán reflexionar sobre la vida en el pasado.






Este rincón no es solo el corazón de la villa, sino un testigo silencioso de siglos de historia, cargado de recuerdos y emociones que han marcado a este mágico lugar. Más que una simple plaza, es un escenario de lo que alguna vez fue un bullicioso pueblo, hoy convertido en un espacio que revive el dramático éxodo de su gente. Todo comenzó con la construcción del embalse de Gabriel y Galán, un proyecto que trajo consigo la expropiación de casi todo el término municipal, incluido el propio casco urbano. En 1964, los últimos habitantes fueron forzados a abandonar sus hogares y, a bordo de barcas, se despidieron para siempre de las tierras que habían sido su hogar por generaciones. El pueblo quedó en silencio, completamente vacío, mientras el embalse inundaba las fértiles tierras de la Vega Baja, dejando atrás la esencia de los medios de vida de su gente. Este proceso, cargado de drama y controversia, marcó a quienes lo vivieron y sigue resonando en el ánimo de sus descendientes. Muchos de los vecinos buscaron refugio en Alagón del Río, un pueblo nuevo cercano a PLASENCIA (enlace a nuestra publicación), mientras que otros se aventuraron en los nuevos núcleos industriales. La tristeza caló tan hondo en los corazones de los exiliados que, en algunos casos, la pena fue tan insoportable que se cobró vidas. En 1965, el gobierno de Franco decidió disolver oficialmente el municipio, repartiendo sus tierras entre los pueblos cercanos de Mohedas y Zarza de Granadilla. La capitalidad, que ya había dejado el pueblo hace tiempo, se trasladó de forma definitiva a Hervás, sellando el destino de este rincón olvidado por el paso del tiempo.

¡Vamos a seguir nuestro recorrido hacia otro de los monumentos más emblemáticos de la Villa! Mientras avanzamos, pasamos por numerosas casas abandonadas que parecen contar historias del pasado, como la misteriosa y envejecida Tahona, que invita a la imaginación a volar. ¿Qué secretos guardarán esos muros? ¡La curiosidad está servida!



El paseo por estas calles vacías y silenciosas tiene algo sobrecogedor, como si el tiempo se hubiera detenido en ellas. Pero, al mismo tiempo, nos llena de esperanza al imaginar cómo, poco a poco, se podrá restaurar el legado histórico de este lugar. Es como caminar entre el pasado y el futuro, donde cada rincón susurra historias esperando ser contadas nuevamente. ¡Una mezcla perfecta de nostalgia y promesas de renacimiento!


Y así, llegamos a la imponente Iglesia, el único edificio de Granadilla que logró esquivar la expropiación gracias a la firme negativa del obispo de Coria. Esta joya arquitectónica, que data del siglo XVI, vio su primer culto en 1521 y está dedicada a la Asunción de Nuestra Señora.


La portada sureste, con un aire herreriano, fue realizada en el siglo XVII y es, sin duda, la más fascinante de las dos. Con su elegante arco entre pilastras toscanas y entablamento, se erige como una obra de arte en sí misma, invitando a todos a pasar.

Al entrar, la única nave nos habla de lo que pudo haber sido, con los arranques de bóvedas en sus muros que nunca llegaron a completarse. Los arcos de medio punto dividen el espacio en tres tramos, cubiertos por una techumbre de madera a dos aguas y tejados de teja árabe, añadiendo un toque de rusticidad encantadora.

La cabecera, construida en cantería, resalta con sus columnas exentas, sin capiteles, que se elevan hacia el cielo, sosteniendo dos tramos de bóvedas de crucería gótica nervada. Con terceletes y una intrincada forma estrellada, estas bóvedas sostienen un peso imponente gracias a las claves, casi como si fueran guardianes del tiempo.

A los pies del presbiterio, nos detenemos a contemplar un tesoro silencioso: lápidas funerarias, finamente labradas y adornadas con inscripciones y escudos que, aunque desdibujados por el paso del tiempo, siguen contando historias de familias influyentes, de personas cuyas vidas marcaron el rumbo de la villa. Cada lápida es un pequeño homenaje a quienes hicieron grande a Granadilla, un recordatorio de que, incluso en la muerte, su legado sigue vivo.


No podemos dejar de mencionar la pila de agua bendita, con su intrigante labrado en granito, que conserva la esencia de siglos pasados.

Después de la partida de los habitantes, la iglesia sufrió un lento y progresivo deterioro por la falta de atención, pero en 1991 comenzó su urgente reconstrucción y consolidación, devolviéndole poco a poco su esplendor.




Finalmente, en el lado noroeste, se encuentra la conocida “puerta del cierzo”, una entrada gótica más pequeña y antigua, cuya humildad contrasta con la majestuosidad de la torre-campanario que sobresale en este rincón, vigilante y firme, como un faro del pasado.

El paseo nos lleva ahora a descubrir la enigmática «Puerta de Coria» (al suroeste), un portal de la vieja muralla que, hoy en día, se encuentra habitualmente cerrado. En tiempos antiguos, esta puerta servía como salida hacia el camino de Coria y, más allá, hacia Portugal, conectando a Granadilla con el mundo exterior. Al igual que la anterior, está construida con robustos sillares de granito, que se cree fueron reutilizados de antiguas construcciones romanas, lo que añade una capa extra de misterio. Aunque hoy no podamos cruzarla, su presencia sigue siendo un puente tangible entre el pasado y el presente, invitándonos a imaginar los viajeros y mercaderes que pasaron por allí dejando su huella.

Con cada paso que damos, nos sumergimos en un fascinante espectáculo donde la majestuosa arquitectura medieval se fusiona perfectamente con la belleza natural que la envuelve. Este contraste único es, sin duda, una de las joyas que convierte a Granadilla en un destino sorprendente para todo aquel que lo visita.










Como ya hemos mencionado, Granadilla está rodeada por una imponente muralla árabe que data de los siglos XI o XII, aunque ha sido restaurada y ampliada a lo largo de los siglos. Esta muralla es considerada una de las mejor conservadas de toda España, rivalizando con las de LUGO y ÁVILA (enlaces a nuestras publicaciones).

Esta cerca, de 924 m. (1.105 varas) de perímetro, estuvo coronada de almenas, desaparecidas hasta que en 1980 se reconstruyeron algunas. El muro tiene una altura de 7 m y una anchura de 3. Nunca tuvo ni bastiones ni torres o cubos de refuerzo. Actualmente, tras la restauración, se puede pasear por todo su adarve completo.

Hoy, además, es un extraordinario mirador del entorno natural que rodea la población.

El paseo nos acerca a la puerta de acceso al Castillo de Granadilla, impresionante fortaleza construida con robustas piedras graníticas, de corte esencialmente defensivo pero con un toque de elegancia, que destaca por su diseño único en toda España. Pero, ¿quién fue el genio detrás de esta obra maestra? Aunque no hay un autor concreto, muchos creen que su estilo refleja la influencia italiana que tanto cautivó al Duque de Alba, Don García Álvarez de Toledo, durante el siglo XV.


Se especula que la edificación se levantó sobre los cimientos de una antigua alcazaba árabe, lo que le añade un aire de misterio. El castillo, que presenta una torre central rodeada por cuatro torres semicirculares en cada lateral, tiene una planta polilobulada y se eleva en cuatro alturas, cada una con su propio encanto. En su interior, encontramos un sótano con mazmorras, un aljibe, y, ¡no te lo puedes perder! Una azotea con unas vistas espectaculares que ofrecen un mirador privilegiado para admirar el pueblo desde las alturas. Las actuales ventanas de las cámaras parece que son posteriores a la construcción del mismo, ya que en 1830 el Castillo fue convertido en cárcel. Parte de las cámaras y la sala central, incluso la escalera de caracol, se ventilaban mediante respiraderos muy estrechos, siendo estas aperturas las únicas originales del S.XV. Los dinteles de las ventanas tienen que proceder de otras construcciones nobles, por su hechura y tipología.

A pesar de que el castillo carece de mobiliario, su magia radica en los detalles. Te sorprenderá recorrer sus salas y salones medievales, donde aún puedes ver bancos de granito en las ventanas, como si estuvieras viviendo una escena de la Edad Media.



El Castillo de Granadilla presentaba en 1979 unas condiciones que hacían prever la desintegración de la piedra por la entrada de agua por su cubierta y se habían hundido los dos forjados de madera correspondientes al suelo de las plantas baja y primera. La restauración se finalizó el 15 de junio de 1981.

Como curiosidad, señalar que las jornadas a caballo entre el Castillo de Granadilla al Castillo de Montemayor es algo menos de cinco leguas, y hasta Plasencia son seis. De esta forma se cumplen, con notable exactitud, los requisitos de las jornadas medias a caballo.

Así hemos disfrutado de todo lo que hoy queda en Granadilla como vestigios de lo que fue, conservando todavía su aspecto netamente medieval, y constituyendo un lugar de indudable interés turístico y cultural, reconocido con su declaración como conjunto Histórico-Artístico en 1980.

Es el momento de abandonar el recinto amurallado para explorar el hermoso entorno natural que lo rodea. Allí, junto al aparcamiento, nace un pequeño pero encantador paseo sobre pasarelas de madera, accesible a personas con movilidad reducida, que nos descubrirá la exuberante riqueza natural de una de las comarcas más verdes y fértiles de la Alta Extremadura.



Un atractivo paisaje, donde las aguas del gran embalse reflejan el cielo y salpican un terreno poblado de bosques de eucaliptos, pinos, alcornoques, robles y castaños que se mezclan con los olivares, y en los que la fauna local se descobija ante nuestros ojos, para realzar, más si cabe, la belleza de este rincón natural que nos abraza.









Por todo ello, esta área es muy popular entre los amantes del senderismo y la naturaleza, con rutas que permiten disfrutar de vistas panorámicas, así como la fauna y la flora autóctona.

Nos despedimos de Granadilla con una sensación de satisfacción, sabiendo que hemos visitado un lugar mágico que, a pesar de haber sido forzosamente silenciado, sus piedras sigue susurrando historias y son guardianas de un pasado inmortal.

Coordenadas: 40°16'09.6"N 6°06'19.3"W Visita Gratuita Lunes, cerrado al público. Abr – Oct 10:00H a 13:30H y 16:00H a 20:00H. Nov – Mar 10:00H a 13:30H y 16:00H a 18:00H. Las puertas se cerrarán 10 minutos antes.

TODA LA INFORMACIÓN INCLUIDA EN ESTA PUBLICACIÓN, HA SIDO RECOGIDA EN LOS SIGUIENTES ENLACES:

https://viajes.nationalgeographic.com.es/a/38-pueblos-medievales-mas-bonitos-espana-segun-national-geographic_9631

https://relojesdesol.wordpress.com/category/relojes-de-sol-en-espana/caceres/granadilla/

https://www.turismocaceres.org/es/turismo-cultural/conjunto-historico-de-granadilla

https://www.miteco.gob.es/es/parques-nacionales-oapn/centros-fincas/granadilla/pgranadilla-historia.html

https://castillosricsol.es/murallas-de-granadilla/

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